
Parece increíble como pasa el tiempo. Y en esta ocasión más que inexorablemente rápido o inesperado, se podría decir que ha sido de una manera extraña. Desde la entrada al Año Nuevo, me ha resultado realmente difícil calcular cuánto tiempo llevo fuera, y cuánto tiempo he estado en lo que hasta ahora siempre consideré mi casa. La primera vez que estuve en China fue en un viaje turístico junto con mi amigo Raúl durante el puente de diciembre de 2006. Luego durante las Navidades descubrí la existencia de un Master que incluía una estancia de la mitad de su programa en China, y a primeros de Febrero de 2007 me notifican que he sido seleccionado para participar, por lo que el 1 de Marzo de 2007 vuelvo a tener los pies en China, por lo que en menos de 2 meses he tenido que poner fin a una etapa anterior de 7 años. La estancia en China ya ha supuesto en sí misma un auténtico paréntesis en el tiempo, o de cómo en medio año tener la sensación de que ha transcurrido un año entero a pleno rendimiento. Sin duda, de agosto a hoy debería ser tiempo de sobra para volver a aclimatarse y recuperar el reloj biológico, pero es curiosamente hoy cuando me doy cuenta de la extraña sensación que me lleva abordando estos días atrás. Miro mis proyectos, actividades, mails, y demás documentos antiguos de lo que era mi vida antes de iniciar esta aventura, y no se si ha pasado un año, dos años, medio año, una semana.. Se muy bien el tiempo de calendario que ha pasado, pero los diferentes cambios de ritmo, la continua adaptación a diferentes medios, y el continuo aprendizaje desde las situaciones más complicadas hasta la relación más cotidiana, parece que no sólo ha conseguido que viera el planeta de otra manera, si no como si además el mundo se hubiera detenido por 1 segundo.