** En este hilo se discute el artículo de contenido:
La comunidad china asentada en Asturias denuncia "racismo económico" **
Cientos de leyendas urbanas sobre sus negocios recorren las calles y la red.
Sea usted de donde sea, seguro que ha oído hablar de una zona en concreto de su ciudad en la que desaparecieron los gatos tras abrirse en las cercanías un restaurante chino. O que no hay ningún chino enterrado en el cementerio de la ciudad. O que cuando un anciano chino muere lo hace sin documentación porque se la queda otro compatriota y, desde entonces, le suplanta la personalidad. La comunidad china se enfrenta a diario a cientos de leyendas de este tipo que critican, sobre todo, una cultura diferente y un comportamiento laboral que difiere mucho del europeo.[/quote]
Uno de los mitos más extendidos sobre los chinos es que no pagan impuestos. Es fácil encontrarse con alguien que dice que el comercio de debajo de su casa ha puesto una denuncia por este tema, o que el gobierno español tiene un convenio con el oriental por el que, en los cinco primeros años, están libres de impuestos. "Sólo pagan el alquiler, y claro, así también pongo yo un negocio", comentan. Pero no es la realidad. "Los chinos pagamos impuestos como todo el mundo", afirma Hong Wei Zhan, dueño del restaurante Chinastur, de Oviedo, y socio de varias tiendas de la capital. "Es verdad que tenemos subvenciones por emplear a mujeres o a mayores de 45 años", dice. Es decir, como todo hijo de vecino.
TRAFICO DE ORGANOS Cuentan en Mieres que una pareja estaba comprando en un bazar chino cuando el hombre le dice a su mujer que tiene que salir un momento y que en seguida vuelve. Ella sigue mirando artículos en la tienda. Al cabo de un rato, el hombre vuelve y se encuentra a uno de los dependientes del establecimiento --chino, por supuesto-- cerrando la verja de la tienda. Le pregunta por su mujer, si todavía está dentro, pero el dependiente niega la presencia de ninguna mujer en el interior. El hombre, tras un pequeño forcejeo, entra a rescatar a su esposa, a la que encuentra en un cuartucho maniatada y amordazada, futura víctima del tráfico de órganos. Una historia inventada difícil de creer pero que sorprendentemente ha calado hondo en la sociedad. Muchos afirman tener un primo que tiene un amigo que conocía a la pareja. O que lo vio la nieta de la vecina del quinto. Y lo más llamativo es que no sólo a pasado en Mieres. Salamanca, Zaragoza, Madrid o Valencia, entre otras muchas ciudades, también tienen su establecimiento chino maldito en sus calles.
Mitos que surgen del desconocimiento de una comunidad que siempre ha llamado la atención por el supuesto misterio que desprende. Los impuestos o el tráfico de órganos son sólo una pequeña parte de una larga lista de leyendas falsas que circulan por todas partes. Ambos bulos están de actualidad y corren con fuerza de boca en boca, pero otros muchos están ya aceptados por la sociedad, que aunque la mayor parte de las veces no los cree, no duda en divulgarlos. En Internet circulan historias sobre la alimentación de los restaurantes chinos, poniendo en duda la calidad y salubridad de los productos.
INGREDIENTE DE ROLLITO Hay una leyenda urbana que compara los cubos de basura de los restaurantes tradicionales y de los locales chinos. "Los restaurantes en general tienen grandes cubos de basura. Fijáos en los chinos, apenas si hay basura", cuentan en la red, y manifiestan que todo se aprovecha para los rollitos de primavera. "Esas leyendas surgen porque nuestros productos son baratos, pero nunca hemos tenido problemas de sanidad", explica Pan Chaoliang, del restaurante Honh Kong.
De todas formas, el rollito de primavera es uno de los alimentos con más condimentos posibles a juzgar por las falsas leyendas urbanas. Según estos cuentos, no hay chinos enterrados en los cementerios de las ciudades porque también nos los comemos en los rollitos. Nadie se ha parado a pensar que la tendencia demuestra que la mayor parte de estos orientales regresan a su país de origen al jubilarse, y que, además, en la mayor parte de los casos, adoptan nombres occidentales, por lo que es difícil reconocer a un chino en las lápidas de los camposantos.
Seguro que alguien le ha contado que en su barrio desaparecieron todos los gatos, perros o ratas --según las diferentes versiones-- en el mismo momento en el que el restaurante chino de la esquina empezó a funcionar, o ha oído alguna vez que el chino que se murió en la calle de al lado no tenía documentación, porque otro chino se la había quedado para hacerse pasar por el difunto. Cientos de historias que no dejan de ser, nunca mejor dicho, cuentos chinos.
[/quote] [/quote]Fuente: Judit Santamarta
La Voz de Asturias [/quote]